jueves, 15 de enero de 2009

El blog cumple tres meses (¡¡¡FALTAN 107 DÍAS!!!)



Casi 160 días son ya los que han pasado desde que me comunicaran el alto honor que me ocupa en este 2009 y 90 los compartidos con vosotros en este blog. No me puedo creer que el tiempo hay pasado tan rápido, que queden poco más de 100 días para el Pregón y algunos días menos para que todo comience y nuestro particular cosmos, ese en el que la Reina de Rute es la única que da sentido y razón de ser a nuestras vidas, brille con aún más luz, si es que cabe, que el resto del año...

A veces, siento que este sueño está a punto de terminar, y que después, vendrá la oscuridad... 100 días no son nada... pero lo son todo a la vez... Cada día que pasa es un paso menos en el camjinar hacia tu Amor, Morenita de nuestras almas...

Gracias a todos... ahora y siempre

¡¡¡VIVA LA VIRGEN DE LA CABEZA!!! ¡¡¡VIVA LA MORENITA!!!

lunes, 12 de enero de 2009

Pregonero Mudo

Ya se conoce cuál será el cartel anunciador de una Romería de Andújar tan especial como la de este año, en el que se celebran grandes efemérides para la Cofradía Matriz. Son tan importantes, que hasta S.M. el Rey Juan Carlos y el Nuncio de Su Santidad estarán presentes.

Este es el cartel ganador, obra de José Navarro Ruiz, iliturgitano de nacimiento y, como no podía ser de otra forma, romero de pro.


Estas pequeñas cosas que ya se van conociendo sobre uno de los momentos del año más importantes y especiales para nosotros, se me antojan similares a las flores de los almendros, que dentro de unos días comenzarán a aparecer en las ramas desnudas de tales árboles, preludio inequívoco del estallido floral que llegará en un par de meses y que inundará de color, alegría y frutos nuestros campos.

Pero este cartel no es como una tenue, fugaz y frágil flor de almendro, sino que también es un Pregonero Mudo de todo lo que está por llegar en este 2009, y de lo que aún es más bonito, portador y transmisor de la que sigue siendo Historia Viva de nuestra Andalucía.

lunes, 5 de enero de 2009

"Ya vienen los Reyes Magos..."

Ante todo, me gustaría trasladaros mis mejores deseos para este recién estrenado año 2009. Tengo problemas técnicos en mi ordenador y me es difícil actualizar con frecuencia, así es que espero que sepáis comprenderme.

Hoy es una fecha especial. La víspera de la Epifanía del Señor. Su sentido religioso casi se ha olvidado, pero, sin duda alguna, sigue siendo un día señalado en el calendario.

Los protagonistas indiscutibles son los niños. Y pensar que todo eso fue "provocado" por un Pequeño Niñito de cabellos rubios y ojos claros que nació en un pesebre y al que llamaron Emmanuel...
Me gusta ver la Cabalgata, observar esos cientos de pequeños ojos abiertos como platos que se sostienen sobre una amplísima sonrisa que permanece inmóvil durante toda una tarde, una noche, una madrugada, un amanecer, una mañana... Gracias a los niños, siento reflejada en mí la ILUSIÓN (con mayúsculas) con la que ellos esperan la llegada de Sus Majestades.
Espero que Melchor, Gaspar y Baltasar, se porten tan estupendamente bien con vosotros como siempre lo han hecho y que, al igual que la Estrella que a ellos les guió hasta Belén, sean Sus Majestades los que nos guíen a nosotros por el camino de la solidaridad, la ayuda y el respeto para con los demás.
El siguiente texto que os pongo es mi pequeño regalo. Espero que os guste y que os ayude a seguir manteniendo una poquita de ILUSIÓN en estas fechas.

A penas su padre se había sentado al llegar a casa, dispuesto a escuchar, como todos los días, lo que su hija le contaba de sus actividades en el colegio, cuando ésta en voz algo baja, como con miedo, le dijo:

- ¿Papá?
- Sí, hija, cuéntame.
- Oye, quiero... que me digas la verdad.
- Claro, hija. Siempre te la digo -respondió el padre un poco sorprendido.
- Es que... -titubeó Blanca.
- Dime, hija, dime.
- Papá, ¿existen los Reyes Magos?

El padre de Blanca se quedó mudo, miró a su mujer, intentando descubrir el origen de aquella pregunta, pero sólo pudo ver un rostro tan sorprendido como el suyo que le miraba igualmente.

- Las niñas dicen que son los padres. ¿Es verdad?

La nueva pregunta de Blanca le obligó a volver la mirada hacia la niña y tragando saliva le dijo:

- ¿Y tú qué crees, hija?
- Yo no se, papá: que sí y que no. Por un lado me parece que sí que existen porque tú no me engañas; pero, como las niñas dicen eso...
- Mira, hija, efectivamente son los padres los que ponen los regalos pero...
- ¿Entonces es verdad? -cortó la niña con los ojos humedecidos-. ¡Me habéis engañado!
- No, mira, nunca te hemos engañado porque los Reyes Magos sí que existen -respondió el padre cogiendo con sus dos manos la cara de Blanca.
- Entonces no lo entiendo, papá.
- Siéntate, Blanquita, y escucha esta historia que te voy a contar porque ya ha llegado la hora de que puedas comprenderla -dijo el padre, mientras señalaba con la mano el asiento a su lado.

Blanca se sentó entre sus padres ansiosa de escuchar cualquier cosa que le sacase de su duda, y su padre se dispuso a narrar lo que para él debió de ser la verdadera historia de los Reyes Magos:

- Cuando el Niño Dios nació, tres Reyes que venían de Oriente guiados por una gran estrella se acercaron al Portal para adorarle. Le llevaron regalos en prueba de amor y respeto, y el Niño se puso tan contento y parecía tan feliz que el más anciano de los Reyes, Melchor, dijo:

- ¡Es maravilloso ver tan feliz a un niño! Deberíamos llevar regalos a todos los niños del mundo y ver lo felices que serían.
- ¡Oh, sí! -exclamó Gaspar-. Es una buena idea, pero es muy difícil de hacer. No seremos capaces de poder llevar regalos a tantos millones de niños como hay en el mundo.

Baltasar, el tercero de los Reyes, que estaba escuchando a sus dos compañeros con cara de alegría, comentó:

- Es verdad que sería fantástico, pero Gaspar tiene razón y, aunque somos Magos, ya somos ancianos y nos resultaría muy difícil poder recorrer el mundo entero entregando regalos a todos los niños. Pero sería tan bonito.

Los tres Reyes se pusieron muy tristes al pensar que no podrían realizar su deseo. Y el Niño Jesús, que desde su pobre cunita parecía escucharles muy atento, sonrió y la voz de Dios se escuchó en el Portal:

- Sois muy buenos, queridos Reyes Magos, y os agradezco vuestros regalos. Voy a ayudaros a realizar vuestro hermoso deseo. Decidme: ¿qué necesitáis para poder llevar regalos a todos los niños?

- ¡Oh, Señor! -dijeron los tres Reyes postrándose de rodillas. Necesitaríamos millones y millones de pajes, casi uno para cada niño que pudieran llevar al mismo tiempo a cada casa nuestros regalos, pero no podemos tener tantos pajes, no existen tantos.

- No os preocupéis por eso -dijo Dios-. Yo os voy a dar, no uno sino dos pajes para cada niño que hay en el mundo.

- ¡Sería fantástico! Pero, ¿cómo es posible? -dijeron a la vez los tres Reyes Magos con cara de sorpresa y admiración.

- Decidme, ¿no es verdad que los pajes que os gustaría tener deben querer mucho a los niños? -preguntó Dios.

- Sí, claro, eso es fundamental - asintieron los tres Reyes.

- Y, ¿verdad que esos pajes deberían conocer muy bien los deseos de los niños?

- Sí, sí. Eso es lo que exigiríamos a un paje -respondieron cada vez más entusiasmados los tres.

- Pues decidme, queridos Reyes: ¿hay alguien que quiera más a los niños y los conozca mejor que sus propios padres?

Los tres Reyes se miraron asintiendo y empezando a comprender lo que Dios estaba planeando, cuando la voz de nuevo se volvió a oír:

- Puesto que así lo habéis querido y para que en nombre de los Tres Reyes Magos de Oriente todos los niños del mundo reciban algunos regalos, YO, ordeno que en Navidad, conmemorando estos momentos, todos los padres se conviertan en vuestros pajes, y que en vuestro nombre, y de vuestra parte regalen a sus hijos los regalos que deseen. También ordeno que, mientras los niños sean pequeños, la entrega de regalos se haga como si la hicieran los propios Reyes Magos. Pero cuando los niños sean suficientemente mayores para entender esto, los padres les contarán esta historia y a partir de entonces, en todas las Navidades, los niños harán también regalos a sus padres en prueba de cariño. Y, alrededor del Belén, recordarán que gracias a los Tres Reyes Magos todos son más felices.

Cuando el padre de Blanca hubo terminado de contar esta historia, la niña se levantó y dando un beso a sus padres dijo:

- Ahora sí que lo entiendo todo papá. Y estoy muy contenta de saber que me queréis y que no me habéis engañado.

Y corriendo, se dirigió a su cuarto, regresando con su hucha en la mano mientras decía:

- No sé si tendré bastante para compraros algún regalo, pero para el año que viene ya guardaré más dinero.

Y los padres y la niña se abrazaron mientras, a buen seguro, desde el Cielo, tres Reyes Magos contemplaban la escena tremendamente satisfechos.